miércoles, junio 4

Instrucciones para pensar en la linea 50: Retiro-Av.Gral. Paz y Eva Perón.

Primer punto: No intente mirar el paisaje por la ventanilla, solo descubrirá cuan patético es si lo piensa un poco y verá como se torna inhumano entre las 16:00 y las 23:00 horas. No es aconsejable intentar concentrarse en naturalezas infinitamente bonitas como el cielo, o los árboles; solo se toparan sus ojos con innumerables propagandas de cuanta cosa pueda imaginarse que existe: imágenes irreales que solo logran su distracción, letreros brillantes que no dejan escapar, números gigantes que anuncian el precio más pequeño del mercado (Oiga, yo tampoco se bien lo que es, pero créame que terminara creyéndolo invencible si se arriesga) y mas, más, y más, lo último que terminara por hacer es pensar o que le está apretujando las tripas y se dará por vencido antes de desenredar los axones que terminaron en semejante alboroto después de eso que usted sabe que ocurrió, cualquier cosa. Se dará cuenta, si lo intenta, que el suelo tampoco está de su lado, no por mala voluntad de él en si mismo, sino porque, es prácticamente imposible concentrarse en algo tan frío y seco como un asfalto o una baldoza que será la único que encuentre en su recorrido, sus ojos, sin quererlo se levantarán un metro, un metro y medio y se marcharan con el primer objeto que encuentren frente a ellos, y es lógico pobrecitos, este suelo es tan horrendo, ¿Que más pueden hacer?
Segundo Punto: Este debería ser el primero, pero imaginé que ni siquiera puede ocurrírsele a cualquiera que sea mi lector. Igualmente, lo mencionaré por una cuestión de prudencia extrema, y para algún que otro enamorado que pudiera no pensar en ello, aunque me he dado cuenta que estos seres extraños escasean en mi ciudad. No se le ocurra encontrar en los rostros de sus colegas pasajeros ningún tipo de punto de fijación, en algún momento, sin que usted lo desee lo atrapara su desdicha y su intolerancia, verá como se le sale por los poros el cansancio, por la rutina y el dinero, esas inmundicias que nos cubren el cielo vio, cosas como esas que le oscurecen la mirada hasta volverla espantosa, y eso, créame y compruébelo si no puede hacerlo, influirá directa y profundamente en su poder de concentración hasta volverlo primero, mínimo, y luego inexistente. Son excepciones a este punto personas que pudieran llegar a generar una sonrisa al encontrarse con sus ojos (niños, ancianos pasados de los ochenta años, en su mayoría, y con suerte de encontrarlos, hadas y duendes disfrazados de seres humanos, solo deberá reconocerlos entre la multitud, cosa que no es fácil, por cierto)
Tercer (y último) punto: El mejor método (y aún así no efectivo completamente) para desempeñar un lindo pensamiento; y cuando digo lindo digo ese que nos lleva a otro hemisferio, que se convierte en la única cosa importante por el momento, y que al fin y al cabo, nunca llega a nada más que al pensamiento en sí, que espera y mientras tanto permite a la imaginación recorrer las venas y las arterias a gran velocidad, digo lindo, digo hermoso, digo maravilloso; en fin, cerrar los ojos y taparse las orejas tan fuerte como se puede ha de ser la única forma que este ser ha encontrado para pensar en un colectivo, o por lo menos en el mencionado más arriba, correrse un poco de la línea urbana y transportarse uno a la situación. Debe tenerse en cuenta que cuando no se ha tenido la suerte de encontrar vacío un asiento las personas lo observaran a uno con una mezcla de sensaciones tales como lástima, y miedo, no vaya a ser que tienen un loco tan cerca (cabe aclarar también que estas personas no suelen encontrar la definición correcta de locura ni saben verla tan bonita como uno puede hacerlo, si se quiere puede tenérseles miedo a ellas, pero lo suficiente, recuérdese que siempre debe guardarse un poco para las otras, las que no viajan en colectivo). Cuando abra los ojos, verá como se han centrado en usted miles de ideas absurdas, que no harán más que distraerlo nuevamente, por lo tanto, es recomendable no estirar los parpados hasta tanto se haya obtenido un fruto del pensar, o se haya llegado al punto establecido para terminar, tampoco es cuestión de pasarse la vida pensando, cuando baje del colectivo sabrá que es la hora, de levantar el telón y ponerse a actuar, y ojo, que no se puede gastar mucho tiempo, desde Retiro hasta Eva Perón y Gral. Paz, hay medianamente una hora cuarenta, o más, si estoy contando bien.

lunes, junio 2

¿Cuánto más?
Como una hormiga que camina por las entrañas.
Poco, Ojalá que sea poco, y que las paredes amanezcan pintadas de amarillo mañana. O de rojo, en sí, es lo mismo, solo un poco de color para descansar la vista. Y de paso, que no duela tanto.
Camina como siempre, intentando no dar lástima, pero arrastrándose, por costumbre, o paciencia, vaya a saber uno que cosa le tiñe la sangre y la baja la voz de prepo hasta el piso.
El señor del quiosco de diarios se levanta el sombrero al verlo pasar y estira desde las cuerdas vocales un "Buen día Jorge" un poco helado. Parece que no, pero lo esperaba.
Pensó en pintar pajaritos en algún muro perdido de la ciudad, o en alguna escalera, para que algún niño quisiera ser un poco más que un hombre mañana.
o mejor dicho, un poco menos.



Eco, eco, eco...¿Cuánto más?...Eco, eco, eco.

En una esquina, con un farol despintado, pero bonito, un hada le ofrece una flor. La mira de reojo, para no enamorarse otra vez y sin quererlo, la acepta y se la guarda en un bolsillo, sin siquiera acercársela a la nariz, ni descubrir del todo su color, pero pinchándose las manos con las espinas.
Si solamente uno se diera cuenta. Si aunque sea el hada...

De vez en cuando se le ocurre que todo es tan maravilloso, que está todo tan ahí, en la yema de los dedos, y que quizás es solamente erguir un poco la cabeza, levantar los brazos, juntar fuerzas y gritar...Hasta que todo se aquiete un momento, hasta los malditos relojes. Gritar solamente. Una vocal, o si se quiere una frase, se trata de gritar y hacerse oír, eso más que nada. Ya no vale tanta escritura, ni cuadros filosóficos o ideales hechos piel, sino de un disparo de voz. Que hermoso.
Tres cuadras más adelante, como último golpe, un barrilete atado a la muñeca de un morochito de unos cinco años.

¿Cuánto más?



Llega a la orilla y siente el frío del agua penetrarle los tobillos. Se mira un poco lo que puede verse, saca del bolsillo la flor del hada (en ese momento descubre que es blanca), la tira por ahí, pidiéndole que no se aleje mucho (sería menos espantoso que lo encuentren con una flor, quien sabe por qué las flores aplacan lo horrendo y lo vuelven más sutil, o por lo menos, para la primera impresión).
Recuerda el café de ayer, con aquella dama de ojos negros que encontró en lavalle tratando de descifrar una palabra en castellano, recuerda las piernas de tero de Laura que tiemblan cada vez que él aparece y otra vez la cara de la hippie europea que a estas horas debe estar volando por encima suyo, y Laura que a veces está a punto de desnudarse adelante de todos sin que nadie se de cuenta, excepto él, pero que siempre se hecha atrás, como una niñita de trece años, porque hoy en día hasta las de quince son más vivas que ella, pobrecita, tan buena. En fín.

El agua ya está por la cintura, y fría. No hay más nada que hacerle, seguir, o estancarse caminando.
¿Cuanto más?
Desde la otra orilla, y desde el centro y la periferia olvidada se siente retumbar en las paredes y el viento.
¡¡¡Mundo de mierdaaaa!!!


Se tiró en la arena para secarse un poco y vio como la flor estaba otra vez, ahí nomas. Lloró un rato mirándola y volvió a guardársela en el pantalón.
Laura se puso contenta.
(Se cayó de tanto que le temblaron las piernas de tero)


viernes, mayo 9

-: No, no, no, no va. Esto no es lo que yo quería. Esto no me gusta, parece una marioneta hecha a pedazos, un día una cosa y otro día otra y así no va; una porquería Eugenia, una porquería, ¿ Me escuchás?
-: Sí, te escucho y no te entiendo nada. Es una marioneta, tiene dos piernas, dos brazos, dos ojos y basta.
-: Definitivamente no entendés nada. Pero como si no me conocieras, como que si fuera la primera vez que me ves una marioneta entre los brazos. Una marioneta dos brazos, dos piernas y dos ojos, pero por favor, que chijetes tan grandes decís Eugenia.
-: Pero entonces, decime vos que tenés ahí.
-: Un pibe Eugenia, un pibe, dos pibes, tres, cien, trescientos pibes Eugenia, trescientos pibes escuchando lo que dice esta marioneta, no el que la maneje, viendo como se mueve esta marioneta, no las manos que estén detrás de los hilos. Eso veo, además del pibe que es la marioneta, o que quiso ser, que quiso ser.
-: Vos ves todo eso, ves que tiene vida propia, que habla, salta, juega y yo veo que vos no ves nada mas que lo que queres ver, lo que te incumbe a vos y a ese taller po...
-: Ta bien, ta bien, ta bien. Se acabó. No quiero saber más nada de esta discusión estúpida. Vos andá que yo me arreglo, andá. Ah, gracias Eugenia, gracias, andá, andá que se te enfría el café con leche. ¡Vieja bruja!


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Hola ¿Qué tal? Acá andamos don. Mire, va a tener que disculparme pero no puedo entregarle la marioneta. Sí, sí, yo sé que la necesita con urgencia, pero por mi propia dignidad no puedo entregársela de ninguna manera. Es que me ha quedado horrible, espantosa. A ver don, usted quería un niño de ojos grandes y oscuros, que anduviera descalzo y de pantalones cortos, y yo lo único que puedo darle es una paparruchada. Créame hombre que puedo hacerlo mejor, quizás con un poco más de tiempo y materiales...Pero no sé, mire si me vuelvo a comprometer y después...Si, si yo sé que al menos quiere verla, pero yo no sé si sea bueno que la vea, quizás usted quiera llevarla de todas formas y de verdad hombre, con una mano en el pecho le digo que esto no vale la pena ni intentarlo. En fin, se la traeré ya que insiste tanto, después de todo es suya, usted la pagó, aunque yo la hice, y hasta la quiero como a un nieto, pero bue, así es la vida, es suya.
Verá usted, los pies, los pies no me conforman, estos dedos, estas uñas, están muy largas y gruesas, un niño nunca tendría esas uñas, esas son las uñas de un viejo decrepito como yo, que si por mi fuera me las arrancaría todas de una sola vez para no recordarme cuan viejo estoy cada vez que me veo los pies. En fin, lo de las uñas quizás pudiera solucionarse con un poco de pintura, pero la ropa, eso sí que no. Verá, he usado los retazos de telas que tenía guardados desde la última marioneta que hice, hace como tres años, y los colores ya no son los mismos, Eugenia las lavó, Eugenia es mi esposa, una vieja bruja, no, no, nada, le decía que ella lavó las telas pero durante el lavado han perdido aún más el color y las blancas se pusieron más amarillas todavía, no me explico por qué, pero bueno. Y los ojos ¿le ha visto usted los ojos a esta marioneta? Reconozco que nunca fui excepcional con los ojos, pero estos me han quedado demasiado tristes ¿Los ve? ¿verdad que están muy tristes? Eso ha sido la pintura y el barniz que ya están viejos y no dan nada de brillo, y por eso se ven tan tristes los ojos, tan opacos.
En fin don, le devolveré el dinero. Voy a buscarlo deme un minuto. ¿Qué que? Que la quiere igual?, pero no ve hombre que esta marioneta no sirve. ¿Qué la quiere igual? A ver dígame ¿Qué clase de niño le parece este?
-:Un niño de la calle don Aldo, un niño de la calle con la mirada más triste y la ropa más sucia que cualquier otro, solo eso, un niño. Es exactamente lo que yo quería, me voy rápido don Aldo, que en un rato empieza la obra, venga cuando quiera y tráigala a Eugenia. Ah, dele mis saludos. ¡Adiós!
-: Adiós... Pucha.... ¡Eugeniaaaaaaa!

lunes, mayo 5

Que tanto y que tan poco. Una marioneta sin terminar por un lado y un viejo descuajeringado del otro. De un lado de la mesa la vida y del otro lo que le resta. Y Eugenia en la cocina meta hacer ruido con las cacerolas, y esa maldita lata de puré de tomates que no se deja abrir, como en los treinta y seis años que llevo al lado suyo. Pobre Eugenia, que frustración debe llevar en el alma. Y encima, ahora con los años, la cosa se vuelve peor, porque con esta cuestión del parkinson se le mueven las manos para donde no tienen que movérsele, yo la ayudaría, pero es Eugenia, mi Eugenia, la de los tobillos flacos y los ojos grandes, esa que nunca me acepto un empujón. Pobre Eugenia, toda una vida moviendo muebles, y levantando yunques con esos bracitos de marioneta. ¡La marioneta! Pucha, habrá que ponerse a laburar Aldo, me faltan, los pies, descalzo la quiere, que hincha pelotas, los ojos, “grandes y oscuros”, las manos, difícil las manos de los niños siempre me fueron difíciles de hacer, debe ser porque los niños llevan en las manos la magia de ser niños, y esa, los viejos como yo no la vemos ni en figuritas, si a esta altura ya se ha olvidado uno hasta como se llama, menos se va a acordar como eran las manos cuando era niño y se rascaba la cabeza continuamente, cuando se ensuciaba las rodillas sin quejarse, y cuanto más sucias mejor, y si se rompen un poco, mala suerte, y que siga el baile. Bueno, ¿Qué más? El pelo, el pantalón corto, y con eso termino. Parece que ya está listo el guiso. En cualquier momento me pega el grito. Ahí está. "Ya voy, aguantá que ya voy" "Se te va a enfriar" Respondió Eugenia con más lejanía que la que existe entre la cocina y el taller de las marionetas. ¿No viste donde dejé las pantuflas, Eugenia? Que increíble, yo siempre las dejo en el lugar donde me las saco, esta vez fue al ladito de esta mesa que tengo acá adelante, llena de pinturas y barnices viejos, pero ella aprovecha cualquier distracción para robármelas y ponerlas en algún sitio que ella supone indicado y que a mi me parece el sitio más horrendo de la casa entera, a los pies de la cama, en la alfombrita del baño, al lado del sillón, que mujer tan…tan…ma si "Eugeniaaaaa ¿Dónde metiste las pantuflas?" "Donde van hombre, al lado de la cama" Ya ni la voz se le parece a la de antes. Y los ojos, esos sí que se los cambiaron sin que se avive, pobre Eugenia, si supiera como se está yendo de a poco, un paso un día, otro otro, y así se me aleja la Eugenia que tanto quise, porque aunque nunca fue un amor estrafalario, yo la quise mucho, ella piensa que no, que lo único que pude querer en mi vida fueron las marionetas, pero yo a ella la quise, y la quiero como a nadie, no se da cuenta ni se va a dar cuenta nunca , porque es terca como una mula, pero bue, en fin.
- ¿Vos no comes?
- No tengo hambre, tomé café con leche hace un rato.
- Está rico.
- Esta igual que siempre Aldo.
- Sí, rico.
- ¿Terminaste la marioneta de ese tipo?.
- No, pero para esta tarde ya está lista seguro.
- ¿Qué te falta?
- Los pies, que lo quiere descalzo, no sé por qué, para complicarme la vida nomás, el pelo y los ojos.
- Bue, pero lo más difícil son los pies, porqué el pelo es un ratito y los ojos también.
- Estás loca vos, no te imaginás lo que cuesta dibujarles los ojos a un niño, más si tienen que ser grandes y oscuros, más todavía, no te imaginas. Pasame la sal. Nunca le ponés sal a la comida vos eh.
- Vos nunca tardaste en hacer los ojos de las marionetas, ¿Desde cuando estás tan exquisito?
- No estoy exquisito Eugenia, pero hay cosas que hay que hacerlas bien, ¿Sabes vos cuanto le cambian la cara los ojos a la gente? Con las marionetas pasa lo mismo. Ponele, vos ya no tenés los mismos ojos de antes, yo me di cuenta hace un ratito nomás, por tanto, no sos la misma Eugenia de antes, tenés otra cara, otro brillo, otro, que se yo, otra cosa.
- Yo no tengo los mismos ojos por las cataratas, son los años Aldo, pasa que vos no los ves pasar, te sentás en el taller, a ordenar tarritos y clavitos, y pin pan pum se te pasa el tiempo Aldo, se te pasa, vos no te das cuenta.
- Que cataratas ni cataratas Eugenia, yo no te hablo de eso, te hablo de la mirada más que de los ojos, es fácil ver los ojos Eugenia, es muy fácil que mañana venga Rosa y te diga que estas mejor de las cataratas, pero no lo es encontrarte una mañana y verte con los ojos cambiados, como si te hubiesen puesto otros, que hacen todo distinto, miran distinto, dicen distinto, caminan distinto, hasta cocinan distinto.
- Que sé yo Aldo, para mi mis ojos son los que tuve siempre, vos tampoco estás echo un pibe, rengueas de una pierna, tenés una panza enorme, el pelo blanco, a todos nos llega Aldo, la vejez no se le escapa a nadie, excepto a la muerte. No sé para que te digo todas estas cosas, vos las sabes mejor que yo, me haces hablar de gusto nomás. Anda a terminar la marioneta que te queda poco y el pobre hombre te pagó por adelantado.
Que disparate. Que disparate. Esta Eugenia no entiende nada, nada de nada, es un marciano, un pescado, ni siquiera un pez, un pescado, bobo, recién pescado. Que disparate, yo no sé, no sé, no sé, no sé.
Voy a terminar con esto, que pocas ganas, que feo, siempre me encantó hacer marionetas, pero estoy cansado che, en algo tiene razón esta vieja Eugenia, los años van pasando che, yo me doy cuenta ahora que tengo esta cosa para terminar, porque es una cosa, esto todavía no puede llamarse marioneta, y tan pocas ganas...


viernes, abril 4

Miro hacia ahí y pienso que todo podría estar más alto, o más en el fondo, que yo mismo podría estar pendiendo de una cuerda atada al techo como un reloj, con la cabeza rozando el suelo suavecito. Miro hacia ahí y pienso que el tiempo es como las monedas que nunca están cuando se las necesita y aparecen de a montones cuando uno solo quiere deshacerse de ellas. Miro hacia ahí y pienso cuantas monedas he gastado en todo este tiempo. Miro hacia ahí y pienso el como, cuando, y porque de un montón de cosas que olvido instantes después de mirar. Miro hacia ahí e imagino que estoy en un lugar como ese, así de lleno, de ruidoso, de frío. Miro hacia ahí y te veo caminar haciendo crujir las hojas que se cayeron al piso. Pero no importa. Miro hacia ahí y escucho ahí, siento ahí, toco ahí, hablo ahí, pero bajito, para que no me vaya a escuchar nadie. Miro hacia y pienso que mañana dejaré de fumar, de tomar, y caminaré treinta cuadras al día, para la buena circulación. Miro hacia ahí y enciendo un cigarrillo, bebo un vaso de cerveza helada y me muevo entre las sábanas como una serpiente, para la tranquilidad del alma. Miro hacia ahí y te extraño. Mañana dejare de fumar, te lo prometo. Miro hacia ahí y me dibujo ese sitio en la piel con un marcador que encontré tirado en la alfombra, de cuando teñiste arroz la semana pasada, no sé para qué. Miro hacia ahí y me doy cuenta de que ya empiezo a necesitar que vengas, pero más vale me trague el llamado y me eche a dormir otra vez, ahora que estoy viendo un poco nublado, por el sueño y la cerveza. Y te extraño. Y ahí estás. Y miro otra vez y ya no te veo. Mañana dejaré de fumar. Hoy será el último día. Miro hacia ahí, Clara, miro y miro y miro y no encuentro otra cosa que tu reflejo en el vidrio del cuadro. Miro Clara, como si de verdad estuvieras ahí. Miro. Mañana dejaré de fumar, te lo prometo, mañana.

martes, abril 1

Hola ¿que tal?, déme un pañuelo blanco por favor. No, no de los descartables, los de verdad esos que mi mamá me metía en el bolsillo del guardapolvo cuando yo iba a la escuela. Esos, sí. ¿Cuánto es? Gracias, hasta luego.
Ahora, yo se lo iba a regalar a doña Marita, pero mejor no, me gusta demasiado para regalárselo, es que de verdad es igualito al que mamá me ponía en el bolsillo del guardapolvo cuando estaba en segundo grado, con la maestra gorda que me odiaba y siempre me mandaba al rincón, y se comía esas empanadas gigantes sentada en el escritorio del aula mientas corregía los deberes, porque antes eran deberes, no tareas, como le dicen ahora, eran deberes, esos que había que hacer sí o sí si uno quería salir a jugar al campito a la tarde, o mirar el chavo del ocho cuando llegaba de la escuela, o comer flan con dulce después de cenar.
Pañuelito, cuantos recuerdos, y que triste pañuelito, que uno se vuelva así de grande, con el estómago grande, los huesos largos, las manos pesadas, los pies duros, las rodillas estatuas, y ya no se pueda saltar la soga, ni jugar rayuela, ni hacer la vertical o la media luna, porque a uno se le caen al suelo los pedazos de carne podrida, y después no se pueden juntar con la cucharita, como cuando se nos caía el azucarero completo al suelo y lo juntábamos rápido antes de que venga mamá, porque sino, agarraba la escoba y en vez de barrer nos daba con las cerdas de paja (como las escobas de antes, con cerdas de paja) en la cabeza, primero porque nos habíamos estado tragando el azúcar del pico de la azucarera y eso nos hacía mal a los dientes y segundo porque siempre la cosa terminaba igual, solamente porque nunca aprendíamos a poner el dedo encima de la tapa de la azucarera para que no se salga, porque estaba tan vieja que le fallaba la rosca.
Que triste pañuelito, que me haya vuelto tan grande, tan voluminosa, que ahora me entren tantas cosas en la cabeza, y aun así, aunque sean muchas, tengan espacio para moverse de una punta a otra, bailar una zamba, chapotear en el líquido cefalorraquídeo y pincharme el cráneo cada vez que pueden.
Que triste que lo único que no me crezca es el corazón, porque entonces yo podría quererlo más a Nicolás, que no se da cuenta que yo estoy desproporcionada, aunque él esté más desproporcionado que yo, porque vos fijate que tiene los brazos y las piernas cortitos, y la boca gigante, por que a él todo le sale por la boca, lo que le gusta y lo que no le gusta, yo de vez en cuando me enojo, porque no se puede andar escupiendo todo, a veces hay que tratar de regalar las cosas de otra manera, él se esfuerza pobre, pero no le sale, es un animal muy raro Nicolás, siempre quiere, pero se tranca ahí, justo cuando yo estoy a punto de darle el alma encerrada en un frasquito de vidrio, para que la vea cuando tenga ganas, y la agite de vez en cuando para que no se aburra, justo ahí, sácate, se me va Nicolás a otro planeta, el de los elefantes, que son los bichos más grandes de todos y que se traban con la ramita más pequeña del universo que esté tirada en el suelo.
Mirá, yo te voy a guardar acá, no es un bolsillo de guardapolvo, pero es el bolsillo que tengo ahora, es bien abrigadito vas a ver, yo me voy a dar cuenta cuando tengas ganas de salir, porque seguro que va a ser cuando me empiece a hacer cosquillas la nostalgia en la planta de los pies, como hoy de mañana, cuando le dije al señor de la tienda, que no quería descartables, también es porque tengo muchas cosas descartables, como Nicolás, que en cualquier momento se me termina por gastar y queda patas para arriba en el tacho de la basura, pero igual, vos quedate tranquilo que yo te sé escuchar, silbame fuerte nomás, por si llego a estar un poquitito lejos, a veces me escapo sin darme cuenta.

viernes, marzo 14

Perdón por haberme tardado tanto, sabrán ustedes disculpar mi desatención, y tampoco es tanto culpa mía, sino del tiempo que a veces se pasa tan rápido que de pronto se encuentra uno un par de años adelante de lo que se suponía, y cuando se mira hacia atrás da miedo, y uno hasta se esconde para que no le lleguen las voces antepasadas, pero a la vez tan presentes y bonitas.
Verán ustedes que no es facil para un ser semi humano como este que escribe estas lineas caminar tan rápido y hacer todo junto, sin olvidarse de nada y de nadie, pero sepan que todavía me recuerdo y también a ustedes y a mis ganas de...
En fin, quizás puedan compartir este sentimiento de salto abismal que me recorre en las venas por estos instantes y que me pega fuertes bofetadas a cualquier hora del día sin previo aviso, pero que de vez en cuando me da lindas sensaciones que como sabran suponer no sé explicar, pero que me hacen volver.

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Es una cuestión de azar, y es una cuestión de azar por que hay una posibilidad entre mil, pero si logro comunicarme con él a través de los ojos, entonces, sabré que por fin se ha convertido en él mismo, ese ave tan hermosa que yo veo de vez en cuando escapar de la jaula con más brillo que de costumbre. Y quien sabe, si no sucede en un rato y de pronto...no, no, está muy distraído. Está viajando por los túneles que esconde detrás de la pared, más bien detrás del cuadro de la casa de campo que compró el otro día en Florida y Lavalle. Y que feo que es ese cuadro, es tan de mentira que pareciera que ni siquiera está allí colgado. Pero Nicolás se pierde por ahí , seguro que en un rato me pregunta "Clara ¿No te gustaría vivir en el campo?" Y yo le voy a decir que no, que yo soy un bicho de ciudad. En una casa como esa me sentiría tan sola, aunque él se levantara todas las mañanas y saliera a respirar “ese” aire y luego preparara el mate y me cebara una hora y media sentados en la cama. Que cuadro espantoso...causa soledad hasta aquí mismo, en esta habitación húmeda de “Pensión Marita” que está minada de personas. De veras que doña Marita podría haberle puesto otro nombre a la pensión. Seguro que ella se enamoraría de ese cuadro si lo viera, se parece tanto a Nicolás.
No se da cuenta que le estoy hablando con los ojos, capaz que yo tampoco se hablar en este idioma, pero no, yo sé que sí. Yo sé que le estoy diciendo que no sé, que es lindo abrazarlo pero...Es lindo abrazarte Nicolás, es lindo que me abraces y se me suban a la garganta las ganas de convertirme en mariposa, y escapar, porque cuando uno está en el centro de semejante circulo de margaritas azules tiene ganas de volarse enseguida, como que de repente ya no se soporta tanto aroma a flor, tanto sol reluciente, tanto color en un mismo tarro Nicolás, si vos te dieras cuenta un poquito cuantos colores mezclas en este tarro, si te dieras cuenta un poquito nomás. Sigue siendo lindo abrazarte, pero a veces estás tan en otro hemisferio Nicolás, tan debajo de tus pies que en vez de subirme las ganas de mariposa se me suben las de ratón y me escabullo entre las sábanas, vos sabés, me has visto, y cierro los ojos como cerrándole la puerta a las lágrimas para que se queden adentro, como ahora que cerré los ojos y por eso ya no me escuchás. Pero es solamente una, una de esas lágrimas mitad nostalgia y mitad impotencia, pero ya se pasa Nicolás, ya se pasa, cualquier cosa te digo que es una basurita, total no te vas a dar cuenta vos, cuando es una sola es difícil darse cuenta.
Es horrible ese cuadro, pero ahora que lo veo bien, en esa pared queda lindo, debe ser el color, porque a pesar de que es muy de mentira también es medio oscuro, detalle que en esta pared queda bien. No sé por qué, así que mejor no te digo nada con la voz, sino me vas a preguntar por qué, y yo no sé Nicolás, como tantas otras cosas y tantas otras que vos no sabés y todas se juntan ahora en medio minuto de ausencia infinita. Que cosa Nicolás, estamos los dos tan ausentes y al mismo tiempo el uno en el cuerpo del otro, yo en tus pies y vos en mis manos, y en las manos de doña Marita que está golpeando la puerta de la pensión como si estuviera por reventar todo en millones de pedazos y nosotros nos estuviéramos por quedar encerrados aquí dentro como los viejitos del Titanic que se murieron esperando la muerte y escuchando los violines, nada más que nosotros escuchamos a Sabina, pero estamos igual que ellos Nicolás, estamos esperando la muerte y eso que imaginamos que todavía falta mucho, casi como medio siglo e igual nos echamos a esperarla, como dos perros con moquillo, que feo Nicolás, que feo lo que estamos haciendo, es tan cínico, tan vergonzoso Nicolás. Y doña Marita que no deja de pegar con los puños en la puerta, debe ser que te quiere cobrar el alquiler por adelantado, seguro que tiene alguna deuda, como siempre. Pero no la vamos a atender Nicolás, esa puerta está mucho mas lejos que a medio metro, y las piernas pesan más que nunca hoy, es una cosa espantosa todo lo que pesan, debe ser por que yo llevo el peso de mi cuerpo y el tuyo y vos el tuyo y el mío, pesamos el doble y cuesta levantarse, ya se va a ir, se va a cansar ella sola del toc toc, yo ya casi no la escucho, y vos tampoco.
Y todo esto te lo digo con los ojos, porque me cuesta menos que abrirte las orejas con una pinza y meterte despacito las palabras, empujándolas con la yema de los dedos para que no te vaya a doler, por eso te lo digo con los ojos, para que no te duela ¿Vos me entendés Nicolás?

-: ¿Qué te pasa?
-: ¿A mi? Nada.
-: ¿Y por qué tanto silencio? Ya me empieza a aburrir.
-: Tengo sueño nomás.
-: Pero tenés los ojos más abiertos que los de un búho.
-: Es control mental, apenas pestañee me quedo dormida, así que los abro todo lo que pueda.
-: ¿Ah sí? Mirá vos. Que lindo cuadro compré. Como me gustaría tener una casa así. Aunque me da la impresión que está medio oscuro. Vaya a saber que se le cruzo al tipo cuando lo pintó. Es un tipo muy raro ¿Vos no lo viste nunca? Está siempre ahí, en Florida y Lavalle.
-: Creo que no.
-: Es raro, y no lo digo porque tenga la barba más larga que el pelo ni porque ande con todas las pinturas en medio de la capital, sinchando con los taburetes y los cuadros, y los pinceles y que se yo cuantas cosas más, pero es raro, él pinta ahí, en la calle, delante de todos ¿Estás segura de que nunca lo viste?
-: Si lo vi no me acuerdo.
-: Si, lo tenes que haber visto. Yo a veces si tengo tiempo me quedo mirándolo como pinta, de vez en cuando lo ves cerrar los ojos por unos minutos y los aprieta con fuerza, y cuando los vuelve a abrir los tiene más brillosos, entonces sigue pintando, pero con más ganas.
-: Andá a saber, capaz se le canse la vista, o se le metan basuritas en los ojos.
-: Sí, algo de eso debe ser. La que se enamoró del cuadro fue doña Marita. Lo vio cuando lo traje porque justo estaba baldeando la vereda, jaja, se quedo chocha la vieja, le hubiese regalado uno, te juro, ¿Estaba golpeando recién, verdad?
-: Me parece que sí.
-: Sí estaba golpeando, pero yo estaba tan embobado con el cuadro que no le di bola. ¿por qué no la atendiste?
-: Le dije que vuelva después.
-: Ah, no te escuché.
-: Tampoco me viste.